No pude esperar...
Mucho antes de Tombuctú tuve que bajarme del tren. No sé ni cuánto quedaba...
De todas formas, la sensación de vivir fuera de mí me abandonó en cuanto salté del vagón según salía de Puerto Pechador. Fue una de esas veces que te lo piensas... dices "uf, tengo que hacerlo... pero me da no sé qué" y finalmente en cuanto dejas de pensar, tus piernas te llevan hacia donde quiere tu corazón.
Es éste un puerto como muchos otros. Antiguo. Ha conocido la grandeza y el valor. También la miseria y el miedo. Todo lo que ha vivido tiene estas marcas.
La estación es pobre. No hay taxis en la puerta. Dicen que no hay espacio para los coches.
Justo desde allí, puedes llegar a la Calle del Castillo. Ahora está llena de casitas preciosas llenas de hiedra en la fachada, con tejados de paja apelmazada. Juego contigo a pedírmelas... y a no pedirme las casas caras que parecen caras, con coches caros en la puerta. Me encanta jugar contigo amor...
Me pregunto cuánto tardará esta zona del país en convertirse en campo de guerra. Los caminos de la vida son misteriosos...
Hay casas cubiertas de rosas... casas pequeñas que dicen te quiero... casas grandes pobladas de espectros... otras casas grandes pobladas de espectros que creen que aún son de carne y hueso... algunas casas que invitan a mirar adentro... otras que invitan a mirar afuera...
Al final de la calle llegas al mar. Allí, una prolífica industria naval militar y los botes de vela coquetean bajo el sol del verano...
Mucho antes de Tombuctú tuve que bajarme del tren. No sé ni cuánto quedaba...
De todas formas, la sensación de vivir fuera de mí me abandonó en cuanto salté del vagón según salía de Puerto Pechador. Fue una de esas veces que te lo piensas... dices "uf, tengo que hacerlo... pero me da no sé qué" y finalmente en cuanto dejas de pensar, tus piernas te llevan hacia donde quiere tu corazón.
Es éste un puerto como muchos otros. Antiguo. Ha conocido la grandeza y el valor. También la miseria y el miedo. Todo lo que ha vivido tiene estas marcas.
La estación es pobre. No hay taxis en la puerta. Dicen que no hay espacio para los coches.
Justo desde allí, puedes llegar a la Calle del Castillo. Ahora está llena de casitas preciosas llenas de hiedra en la fachada, con tejados de paja apelmazada. Juego contigo a pedírmelas... y a no pedirme las casas caras que parecen caras, con coches caros en la puerta. Me encanta jugar contigo amor...
Me pregunto cuánto tardará esta zona del país en convertirse en campo de guerra. Los caminos de la vida son misteriosos...
Hay casas cubiertas de rosas... casas pequeñas que dicen te quiero... casas grandes pobladas de espectros... otras casas grandes pobladas de espectros que creen que aún son de carne y hueso... algunas casas que invitan a mirar adentro... otras que invitan a mirar afuera...
Al final de la calle llegas al mar. Allí, una prolífica industria naval militar y los botes de vela coquetean bajo el sol del verano...
