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---[El imperio del terror]---

 


akom
Tras la fusión de los países asiáticos en año 2078 que llevó a la creación un Imperio llamado Mith-Shung, liderado principalmente por las naciones antes conocidas como China e India, el mundo occidental fue puesto en jaque a través de una invasión mundial por parte de este imperio. Rápidamente gran parte de las naciones del planeta fueron dominadas, desbastadas y humilladas por un colosal ejército que produjo la muerte por millones.

Roman como tantos otros, fueron sobrevivientes de los continuos bombardeos producidos sobre las ciudades, ellos eran quienes tenían que peregrinar por las ruinas de las calles para conseguir su único alimento diario dentro de los basureros de los cuarteles militares, esquivándole a los peligrosos soldados, quienes poseían una nueva generación de armas químicas que producían la locura total sobre el humano, una pequeña dosis de este químico hacía que una persona perdiera la razón y se convirtiera en un caníbal, esto produjo que ciudades enteras se mataran entre si y que la invasión fuese más fácil y rápida.
Este solitario hombre había sufrido la perdida de toda su familia, que se asesinaron entre ellos, pudo escapar matando a su propia mujer antes que se lo comiese vivo. Su vida transcurría de huida tras huida, siempre escapando de los peligros latentes en las calles.
Poca gente se había salvado, ya que los peligros que había en las calles eran infinitos. Una noche fría y lluviosa del mes de Julio del año 2080, Roman salió de su casa para ir a buscar algo de alimento, su larga travesía que repetía día tras día significaba un gran calvario para él ya que tenía que caminar aproximadamente unos 3 kilómetros para conseguir un poco de sopa o un trozo de pan duro, esquivándole a la muerte en cualquier lugar, y encontrarse con los escuadrones del ejército invasor significaba la muerte segura o ser atrapado para experimentos científicos, o torturas, por eso es que él tenía un camino seguro por el cual nunca se enfrentaba a los enemigos.

En medio de su cautelosa caminata se cruza con un grupo de 8 soldados que se habían adentrado en esa zona que todavía no conocían, asustado de ver tal imagen, Roman empieza su huida corriendo desesperadamente con todas sus fuerzas para no ser capturado o en el peor de los casos fusilado a sangre fría, pero al escuchar esos ruidos de la corrida, los jóvenes soldados comenzaron a seguirlo y pasan el parte a sus superiores para que envíen refuerzos para la captura del fugitivo.

Con lagrimas en los ojos y con sus piernas y manos temblorosas Roman se esconde entre las ruinas de un viejo edificio municipal pensando que ahí estaría a salvo, que no lo encontrarían. A pesar que su corazón parecía salirse de su pecho y que los peores pensamientos sobre la muerte o el sufrimiento que podría llegar a vivir se le venían a la cabeza, el hombre se quedó tieso como una piedra petrificada.

Luego de varias horas de quedarse expectante Roman comenzó a oír ruidos, pisadas fuertes, como de botas. Su peor pesadilla se había convertido en realidad, unos 40 hombres estaban realizando un rastrillaje por toda la zona para encontrarlo cueste lo que cueste, ríos de lágrimas caían por los ojos de Roman al ver que no había escapatoria. En su desesperación por no ser capturado decide correr el riesgo y huir de su improvisado escondite. Cuando encuentra el momento oportuno para escapar sale corriendo, pero apenas los soldados sintieron los apresurados pasos del fugitivo comienzan su persecución por las calles, cuando Roman ve que no hay escapatoria, que cada vez se le acercaban más, que estaba a punto de ser capturado, se detiene completamente, y se queda mirando al cielo, como pidiendo desesperadamente que una ayuda divina lo salve, pero no fue así, instantáneamente una docena de hombres se abalanzaron sobre él.

Ya capturado lo suben a una especie de camioneta que en su parte trasera poseía seis pequeñas celdas donde alojaban a los detenidos, cuatro de ellas estaban ocupadas, por tres hombres y una mujer. Tras un largo viaje, llegan hasta las afueras de lo que era la vieja ciudad, donde había un gran edificio, muy alto construido en su totalidad de planchas de metal, muy protegido en todos sus rincones por soldados muy armados y además en cada una de sus entradas Roman notó que tenían armas automáticas que no necesitaban ser disparadas por humanos, armas que estaban programadas para atacar a cualquier desconocido que quisiese entrar a aquel fuerte.

Una vez que ingresan dentro del cuartel, los cinco detenidos son ubicados en un cuarto muy pequeño, muy caluroso y completamente oscuro, en su desesperación por salir de ese lugar todos al unísono comienzan a gritar, a llorar, a patear las paredes, a rasgar la puerta hasta arrancarse las uñas sin tener resultado alguno. Luego de unas horas, entran cuatro hombres armados a la habitación donde estaban los detenidos, arrastrando de los pelos a la mujer y a los otros tres hombres, quedando Roman sólo dentro del cuarto.

Luego de horas de sentir extraños ruidos, golpes y gritos a su alrededor, la hora de Roman había llegado, 3 hombres fueron en busca de él, a golpes de puño y patadas lo llevaron hasta otro cuarto que parecía ser un quirófano improvisado dentro de un baño, donde su olor a carne quemada y podrida hacía que los propios soldados sintiesen ganas de escaparse de ese lugar lo más rápido posible. Después de ser amañado de pies a cabeza en una camilla, los hombres se retiraron dejándolo sólo. Sintiendo que la hora de la muerte había llegado, Roman comenzó a pensar, a llorar como nunca lo había hecho, en esos pocos minutos de soledad su vida pasó por delante de sus ojos, esos tiernos recuerdos con su mujer mirando el atardecer en una playa, aquellos divertidos juegos con sus hijos en las tardes de primavera, sus alocadas noches de juventud, todo eso pasó en un instante, hasta que escuchó el ruido de una puerta.
Sin querer mirar quien había ingresado, cerró los ojos, apretó los puños con gran fuerza esperando que su muerte sea rápida y sin dolor, pero no fue así. Este hombre, se acercó a él, le dijo unas palabras en un idioma que no entendió y comenzó a torturarlo lentamente, le fue cortando todos los dedos del pie, uno por uno, Roman sintiendo un sufrimiento inexplicable no gritó en ningún momento, sólo apretó más sus puños y se mordió los labios hasta lastimarse. El torturador siguió haciendo lo suyo, fue subiendo poco a poco hasta llegar a sus brazos, tomando una sierra eléctrica, los fue cortando lentamente para que sintiera el dolor como nunca antes. Luego limpiarse las manos con jabón en lavamanos, se retiró del cuarto esquivando los grandes charcos que se habían generado por la sangre de Roman. Luego de unos minutos de terrible agonía, de sufrimiento, de convulsiones constantes, la muerte se acercó lentamente sobre su ser para llevarlo.

Lágrimas de sangres caían de sus ojos en el momento que el corazón de Roman dejó de latir, triste y dolorido en lo más hondo por haber muerto, pero también en parte feliz por volver a encontrarse con su familia en el más allá.

El imperio invasor logró dominar todo el mundo luego de un largo tiempo de guerra, matando millones de personas, a través de sus armas químicas, fusilamientos o los métodos de torturas. De esta forma el mundo quedó poblado por gente asiática en su totalidad, tomando todos los países del planeta y creando un imperio mundial llamado Mith-Shung.
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