Antes, para "desmarcarse", bastaba con llevar el pelo largo. Ahora, en cambio, muchos jóvenes y no tan jóvenes necesitan clavarse un anillo o un pendiente en la parte del cuerpo más inimaginable.
--------------------------------------------------------------------------------
Lo de colgarse un pendiente en el lóbulo de la oreja ya no "marca" lo suficiente; se han de buscar -removiendo la antropología- nuevas zonas, sólo accesibles a la última estética y a la cirugía de aficionado. No basta con rodearse la oreja con una hilera de pequeñas bisuterías, ahora se llevan "grapas" en las cejas, la cara, los labios, la lengua o el ombligo.
Dejarse taladrar el cuerpo para hacer bonito puede ser razonable, pero resulta desproporcionado; dejarse taladrar el cuerpo porque está de moda puede ser una razón irracional, pero resulta creíble; dejarse taladrar el cuerpo para llamar la atención puede ser demasiado caro, pero resulta efectivo. Yo creo que las razones que impulsan a tantos jóvenes a usar aros y pendientes están más allá de la pura estética, la moda o el llamar la atención. Generalmente utilizan estas excusas porque saben que nadie les va a entender; dicen que les gusta, que hacen lo que quieren, que se sienten mejor... y, claro, la gente no les comprende.
Buscar los motivos en otras culturas, en pueblos indígenas del Amazonas o en ritos ancestrales de nuestros antepasados, me parece descontextualizar demasiado un fenómeno actual. Sería como argüir en favor de la droga el tan socorrido ejemplo de los indios andinos; o para defender la infidelidad conyugal, acudir a las culturas polígamas. Claro que el ser humano, a lo largo de la historia, ha utilizado el adorno personal por distintos motivos y de diferentes maneras. Muchas personas se han tatuado el cuerpo o se han deformado los labios; se han afeitado la cabeza o se han colgado aros. Se trata, a mi modo de ver, de intentar entender por qué lo han de esa especial manera.
--------------------------------------------------------------------------------
Lo de colgarse un pendiente en el lóbulo de la oreja ya no "marca" lo suficiente; se han de buscar -removiendo la antropología- nuevas zonas, sólo accesibles a la última estética y a la cirugía de aficionado. No basta con rodearse la oreja con una hilera de pequeñas bisuterías, ahora se llevan "grapas" en las cejas, la cara, los labios, la lengua o el ombligo.
Dejarse taladrar el cuerpo para hacer bonito puede ser razonable, pero resulta desproporcionado; dejarse taladrar el cuerpo porque está de moda puede ser una razón irracional, pero resulta creíble; dejarse taladrar el cuerpo para llamar la atención puede ser demasiado caro, pero resulta efectivo. Yo creo que las razones que impulsan a tantos jóvenes a usar aros y pendientes están más allá de la pura estética, la moda o el llamar la atención. Generalmente utilizan estas excusas porque saben que nadie les va a entender; dicen que les gusta, que hacen lo que quieren, que se sienten mejor... y, claro, la gente no les comprende.
Buscar los motivos en otras culturas, en pueblos indígenas del Amazonas o en ritos ancestrales de nuestros antepasados, me parece descontextualizar demasiado un fenómeno actual. Sería como argüir en favor de la droga el tan socorrido ejemplo de los indios andinos; o para defender la infidelidad conyugal, acudir a las culturas polígamas. Claro que el ser humano, a lo largo de la historia, ha utilizado el adorno personal por distintos motivos y de diferentes maneras. Muchas personas se han tatuado el cuerpo o se han deformado los labios; se han afeitado la cabeza o se han colgado aros. Se trata, a mi modo de ver, de intentar entender por qué lo han de esa especial manera.
